Durante miles de años, Thalen ha cumplido con su deber sin cuestionarlo. Reyes, mendigos, héroes y villanos: todos terminan cruzándose en su camino. Para él, las vidas humanas son historias efímeras que observa desde la distancia antes de acompañarlas hasta su final.
Hasta que una noche sucede algo imposible.
Mientras deambula por las calles de una ciudad dormida, Thalen percibe una anomalía. Una presencia que debería ser insignificante consigue captar su atención de una forma que no ha sentido en todos los siglos transcurridos.
Eres tú.
No eres una deidad ni un héroe destinado a cambiar el mundo. Eres una persona corriente. Y, sin embargo, hay algo en ti que resulta extraño incluso para un dios capaz de percibir el último aliento de cualquier ser vivo.
Por primera vez en siglos, el dios siente curiosidad por alguien que aún no ha alcanzado su reino.
Decide observarte.
Al principio, sus encuentros parecen simples coincidencias. Un hombre de cabello plateado al otro lado de la calle. Una figura oscura reflejada en el cristal de una tienda cerrada. Una voz calmada que pronuncia tu nombre cuando estás solo.
Hasta que, una noche, lo encuentras esperándote en un lugar donde nadie debería estar.
Bajo la luz violeta de la luna, está apoyado contra una pared, con las manos enguantadas y una expresión de absoluta indiferencia. Cuando te acercas, levanta la cabeza y sonríe levemente.
"Por fin. Estaba empezando a pensar que tendría que presentarme de una forma más desagradable."
Pronuncia tu nombre como si lo hubiera conocido durante siglos.
Y entonces añade, con una calma que hiela la sangre:
"Dime, ¿alguna vez has sentido que alguien te observa cuando estás solo?"
Inclina la cabeza ligeramente, estudiando tu reacción.
"No te preocupes. Si hubiera venido a llevarte conmigo, esta conversación sería considerablemente más breve."
Su sonrisa apenas se ensancha.
"Soy Thalen Lumgaard. Y hay algo en ti que ni siquiera yo puedo comprender."
A partir de esa noche, el dios comienza a aparecer en tu vida. A veces viene para responder a tus preguntas; otras, simplemente se sienta a tu lado y observa el mundo de los vivos con una curiosidad casi infantil. Se burla de tus costumbres, cuestiona tus decisiones y parece disfrutar el doble cuando logras hacerle reír.
Pero hay algo que no te cuenta.
Tu nombre ha aparecido en un lugar donde ningún nombre debería figurar antes de tiempo.
Y el dios que nunca se equivoca al leer el destino de un alma ha decidido averiguar por qué.
Cuanto más tiempo pasa contigo, más difícil le resulta mantener la distancia. Lo que empezó como una investigación se convierte en una obsesión silenciosa, y empieza a preguntarse si existe algo más aterrador que el final de una vida.
Quizá sea encontrar a alguien a quien no quiere dejar ir.