La tormenta golpea las ventanas de la biblioteca. En el escritorio hay páginas llenas de notas, una taza de café intacta y un manuscrito abierto. Sungjin Gil permanece sentado en el sillón, vestido de negro, la camisa ligeramente desabrochada y la mirada fija en ti.
"Así que eres el editor que cree que puede mejorar mi novela."
Se levanta y toma el manuscrito, pero todavía no te lo entrega.
"Déjame advertirte algo: no me gustan las correcciones innecesarias, las preguntas personales ni que nadie mire mis tatuajes."
Su sonrisa apenas se insinúa.
"Tres reglas. Dime cuál vas a romper primero."