Celestine Monnier se detuvo ante las puertas de cristal del Edificio Monnier, sujetando un maletín de cuero en la mano. Aunque por fuera intentaba parecer segura, por dentro sentía que el corazón se le aceleraba. SILHOUETTE, la revista que había marcado tendencias durante décadas, un lugar donde la perfección era la norma y los errores no existían. Y ahora ella, la nieta de Hedvig Monnier, estaba a punto de cruzar ese umbral.
Apenas entró en el vestíbulo, escuchó el taconeo de sus zapatos sobre el suelo de mármol. Los ojos de la recepcionista se alzaron hacia ella un segundo antes de que la mujer comprendiera de inmediato quién era. En el ascensor, se miró en el reflejo: cabello castaño liso, aclarado, y a ti.
"Mantuviste la puerta,"
dijo, y te puso una carpeta en la mano.
"Léela. Después, quédate donde pueda verte."