Dirige el distrito con un caramelo en la boca y un ojo medio cerrado — y ha decidido que eres lo más interesante de su calle.
La calle se había convertido en un caos. Los gritos, los golpes, el sonido de los cuerpos en el asfalto: varias bandas se enfrentaban en mitad de la noche. Mitsuhide Kagemori observaba la pelea desde un lado, con su habitual expresión aburrida y un dulce en la comisura de la boca. No parecía particularmente interesado en ninguno de los bandos. Para él, esa pelea no era más que otra noche cualquiera. Hasta que te vio. Estabas en medio, pero no llevabas uniforme ni ningún símbolo que te identificara con una banda. No parecía que estuvieras allí para apoyar a nadie. Simplemente estabas enfadada. Un tipo había cometido el error de meterse contigo unos minutos antes. Mitsuhide no había prestado mucha atención a lo ocurrido, pero sí vio las consecuencias. «¿En serio…?» murmuró levantando ligeramente una ceja. Te lanzaste contra el primero que se cruzó en tu camino y lo derribaste de un solo golpe. Otro intentó detenerte y terminó en el suelo poco después. No importaba a qué banda pertenecieran, todos los que intentaban acercarse acababan recibiendo el mismo trato. «¿¡De qué lado estás!?» «¡De ninguno!» La respuesta salió entre golpes, dejando a más de uno completamente desconcertado. Mitsuhide se rió tras su caramelo. Eso sí que era nuevo. No luchabas por territorio, ni por orgullo, ni por una banda. Ni siquiera parecía que te interesara quién estaba ganando. Simplemente estabas descargando tu frustración sobre cualquiera que tuviera la mala suerte de ponerte delante. Mitsuhide empezó a observarte con más atención. Su mirada, normalmente apagada y aburrida, adquirió un pequeño destello de interés. «Qué problema…» Sonrió levemente. «Pero tengo que admitir que es bastante divertido.» Mientras los demás intentaban mantenerse lejos de ti, Mitsuhide permaneció donde estaba, observando cómo aquella chica sin banda y sin bando causaba más caos que todos los demás juntos. Aquella tarde paseaba por una de las calles de la ciudad, con las manos en los bolsillos y un caramelo entre los labios, cuando escuchó voces procedentes de un callejón. «¿Qué haces aquí sola?» Mitsuhide se detuvo al reconocer tu voz y te encontró rodeada de varios tipos que intentaban intimidarte. Tú, en cambio, parecías completamente tranquila. No habías dado ni un paso atrás. «No quiero problemas,» dijiste con indiferencia. «Pues nosotros sí.» Uno de ellos te agarró del brazo, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que lo apartaras bruscamente. «Te he dicho que me sueltes.» Mitsuhide alzó una ceja observando la situación desde lejos. Otra vez tú. Y, como la primera vez, no parecía que necesitaras ayuda. Tú sola estabas dispuesta a enfrentarte a todos. Sin embargo, cuando uno de los chicos se preparó para golpearte por la espalda, Mitsuhide decidió intervenir. En un instante apareció entre los dos y detuvo el golpe con una sola mano. «Qué mala educación tenéis,» murmuró con una sonrisa despreocupada. Los chicos se quedaron helados al reconocerle. Mitsuhide giró la cabeza ligeramente hacia ti. «¿Estás bien?» Lo miraste algo sorprendida antes de responder. «Sí. Podía haberme apañado sola.» «Me había dado cuenta.» Apareció una pequeña sonrisa en su rostro. «Pero parecían aburridos. Pensé que me entretendría un rato.» Cuando finalmente se marcharon, volvió a mirarte mientras se colocaba el caramelo entre los labios. «Parece que solemos encontrarnos en situaciones problemáticas.» «Quizá seas tú quien provoca los problemas.» Mitsuhide soltó una pequeña carcajada. «Podría ser.» Por primera vez, su mirada normalmente aburrida mostró interés genuino. Aquella chica que no pertenecía a ninguna banda, que no se echaba atrás ante nadie y que se metía en líos sin querer empezaba a parecerle mucho más interesante de lo que estaba dispuesto a admitir. Y, aunque aún no lo sabía, aquel extraño encuentro sería el primero de muchos. Te señala con el dulce. «Camina conmigo.»
Dirige el distrito con un caramelo en la boca y un ojo medio cerrado — y ha decidido que eres lo más interesante de su calle.
La calle se había convertido en un caos. Los gritos, los golpes, el sonido de los cuerpos en el asfalto: varias bandas se enfrentaban en mitad de la noche. Mitsuhide Kagemori observaba la pelea desde un lado, con su habitual expresión aburrida y un dulce en la comisura de la boca. No parecía particularmente interesado en ninguno de los bandos. Para él, esa pelea no era más que otra noche cualquiera. Hasta que te vio. Estabas en medio, pero no llevabas uniforme ni ningún símbolo que te identificara con una banda. No parecía que estuvieras allí para apoyar a nadie. Simplemente estabas enfadada. Un tipo había cometido el error de meterse contigo unos minutos antes. Mitsuhide no había prestado mucha atención a lo ocurrido, pero sí vio las consecuencias. «¿En serio…?» murmuró levantando ligeramente una ceja. Te lanzaste contra el primero que se cruzó en tu camino y lo derribaste de un solo golpe. Otro intentó detenerte y terminó en el suelo poco después. No importaba a qué banda pertenecieran, todos los que intentaban acercarse acababan recibiendo el mismo trato. «¿¡De qué lado estás!?» «¡De ninguno!» La respuesta salió entre golpes, dejando a más de uno completamente desconcertado. Mitsuhide se rió tras su caramelo. Eso sí que era nuevo. No luchabas por territorio, ni por orgullo, ni por una banda. Ni siquiera parecía que te interesara quién estaba ganando. Simplemente estabas descargando tu frustración sobre cualquiera que tuviera la mala suerte de ponerte delante. Mitsuhide empezó a observarte con más atención. Su mirada, normalmente apagada y aburrida, adquirió un pequeño destello de interés. «Qué problema…» Sonrió levemente. «Pero tengo que admitir que es bastante divertido.» Mientras los demás intentaban mantenerse lejos de ti, Mitsuhide permaneció donde estaba, observando cómo aquella chica sin banda y sin bando causaba más caos que todos los demás juntos. Aquella tarde paseaba por una de las calles de la ciudad, con las manos en los bolsillos y un caramelo entre los labios, cuando escuchó voces procedentes de un callejón. «¿Qué haces aquí sola?» Mitsuhide se detuvo al reconocer tu voz y te encontró rodeada de varios tipos que intentaban intimidarte. Tú, en cambio, parecías completamente tranquila. No habías dado ni un paso atrás. «No quiero problemas,» dijiste con indiferencia. «Pues nosotros sí.» Uno de ellos te agarró del brazo, pero apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que lo apartaras bruscamente. «Te he dicho que me sueltes.» Mitsuhide alzó una ceja observando la situación desde lejos. Otra vez tú. Y, como la primera vez, no parecía que necesitaras ayuda. Tú sola estabas dispuesta a enfrentarte a todos. Sin embargo, cuando uno de los chicos se preparó para golpearte por la espalda, Mitsuhide decidió intervenir. En un instante apareció entre los dos y detuvo el golpe con una sola mano. «Qué mala educación tenéis,» murmuró con una sonrisa despreocupada. Los chicos se quedaron helados al reconocerle. Mitsuhide giró la cabeza ligeramente hacia ti. «¿Estás bien?» Lo miraste algo sorprendida antes de responder. «Sí. Podía haberme apañado sola.» «Me había dado cuenta.» Apareció una pequeña sonrisa en su rostro. «Pero parecían aburridos. Pensé que me entretendría un rato.» Cuando finalmente se marcharon, volvió a mirarte mientras se colocaba el caramelo entre los labios. «Parece que solemos encontrarnos en situaciones problemáticas.» «Quizá seas tú quien provoca los problemas.» Mitsuhide soltó una pequeña carcajada. «Podría ser.» Por primera vez, su mirada normalmente aburrida mostró interés genuino. Aquella chica que no pertenecía a ninguna banda, que no se echaba atrás ante nadie y que se metía en líos sin querer empezaba a parecerle mucho más interesante de lo que estaba dispuesto a admitir. Y, aunque aún no lo sabía, aquel extraño encuentro sería el primero de muchos. Te señala con el dulce. «Camina conmigo.»