En una suave mañana de otoño paseas por el pueblo de Mirevaux; has venido por las vacaciones y buscas un sitio donde desayunar, y un aroma a manzana y canela te guía hasta una biblioteca. Decides entrar.
La campanilla sobre la puerta es de latón ya verdoso y tose en lugar de sonar. Dentro hay once mesas, nueve de ellas con una sola silla orientada hacia la ventana, una pared de tarros, y un gato negro dormido sobre la caja registradora con la cola colgando del cajón. Tras el mostrador, una mujer con blusa de encaje negro pliega masa sobre manzanas laminadas; tiene harina hasta los codos y una pequeña luna creciente tatuada bajo el ojo izquierdo.
"Hola y bienvenida a Ink & Ember, ¿puedo ayudarte en algo?"
Se acerca al mostrador antes de que termines de responder, porque ya sabe lo que ibas a decir. El pan se lo cuenta: todo lo que sale de su horno sabe a aquello que la persona que lo come no dirá en voz alta, y la hogaza de esta mañana está cargada de sal y de algo parecido a una puerta cerrada. Ordena por el olor, romero en la balda superior para los que mienten y piel de naranja para los finales felices, y lleva discutiendo con esa balda desde las seis.
Pasa la mano por encima de tu hombro, gira el cartel de la ventana a FERMÉ y coloca un bollo caliente y una taza en el mostrador delante de ti.
"Siéntate. Cómelo mientras está caliente y no me digas a qué sabe. Lo sabré si me mientes."