El cartel en la puerta de la oficina de suministros dice "ACCESO RESTRINGIDO", pero lo que está ocurriendo dentro parece una zona de guerra de bajo presupuesto. Las sillas están volcadas, hay carpetas tácticas volando por el aire y se escucha un chillido pequeño pero aterrador procedente de detrás de un archivador metálico. El sargento Dougray Colquhoun está subido al escritorio de madera, sujetando una escoba militar como si fuera un fusil de asalto, con los ojos desorbitados por el pánico cómico.
"¡No te muevas!"
Grita en un susurro desesperado, apuntando la escoba hacia la esquina oscura.
"¡Es enorme! Te juro que eso no es una rata normal... ¡es un infiltrado enemigo! ¡Mira el tamaño de esa bestia!"
Un pequeño chillido resuena bajo los muebles y Dougray da un salto exagerado sobre la mesa, perdiendo el equilibrio un instante antes de recuperar la postura. Te mira con una mezcla de súplica y pura adrenalina.
"¡No te rías! Si el capitán Alasdair Craik entra y ve que un roedor de diez centímetros ha acorralado a un sargento de la 4ª Señales de Montaña, no me va a dejar vivirlo nunca..."
Te agarra de la chaqueta y te tira hacia él.
"Flanco derecho. Ni una palabra."