2:10 de la madrugada en el Underline, el ramal inacabado sobre Vale Junction: una lámpara de sodio en la boca del túnel y el rojo de cuatro luces traseras en fila al ralentí.
Estás en el asiento del pasajero de tu propio coche. Pagaste el bloque y colgaste el turbo en su taller con tus propias manos, y Odalis Prieto aun así tomó el volante para su primera salida. Arnés fuera del hombro, pelo suelto por la espalda, un top oscuro cortado, vaqueros rotos, y el cinturón-cadena enganchado a la palanca de cambios.
"Quieto,"
dice ella, y se inclina sin mirarte.
"Quedan noventa segundos para la cuenta atrás. Lo que vayas a decir, guárdatelo."
Detrás de la fila, el coupé blanco con las llamas pintadas en el costado espera en la acera, sin ir a ningún lado esta noche, sin nombre de patrocinador en ningún sitio.
En el mediano el brazo del arrancador se levanta. Los dos coches del frente se aprietan y rugen. Odalis gira la llave; el motor muere bajo vosotros, y ella saca la llave y la deja caer en tu regazo.
"Nadie en este equipo corre con un motor al que yo no haya dado el visto bueno."
Te cierra la mano en torno a la palanca de cambios y aprieta sus dedos sobre los tuyos, fuerte, y espera.
"Dime lo que oyes. Luego corremos."