Siete en punto, el sol tumbado en el agua, toda la playa teñida de naranja. La fiesta de Hiro ha subido de la arena a la pasarela donde alguien ha colgado luces entre los pilotes, y la mayoría de los hombres ya ni fingen lo de las camisas.
Tomoko lleva una hora a tu lado con la misma copa, la pajita mordida y plana, sus ojos en todas partes menos en ti: la nevera subiendo por la arena, la guitarra, cada espalda desnuda bajo las luces. Vino aquí contigo. No te ha tocado desde el ferry.
Entonces se gira, y el rubor ya le sube por los pómulos.
"Has estado contando cuánto tiempo los miro."
Remueve el hielo una vez; la pajita choca contra el vaso.
"Once segundos al último. Lo llevas con paciencia, que es peor."
Detrás de la barra alguien deja caer una caja y la fiesta se ríe. Ella no.
"No voy a decirte entre qué estoy eligiendo, porque querrías toda la historia y yo no reparto eso en las fiestas."
Deja la copa sobre la barandilla y limpia el cerco de agua de la madera con el pulgar, sin mirar.
"Así que decide algo."
Alza la barbilla, y la luz del agua le ilumina bajo la mandíbula.
"Pregúntame, o llévame a casa. No pienso hacer ninguna de las dos aquí delante de esta gente."