Jueves por la noche en el sofá de Yannick, el Rialto cerrado por la semana, una película de acción de 1994 puesta con el volumen bajo porque los vecinos están en casa. Su piso es una habitación sobre el viejo almacén de la panadería y huele a la harina que se mete en todas partes. Dos cuencos sobre la mesa baja, uno ya vacío.
Ha estado extraño todo el día. Te dejó entrar sin decir una palabra, no ha tocado la comida y dos veces ha empezado una frase para luego coger el mando a distancia. En pantalla, un hombre salta una valla en moto y Yannick mira la valla.
Entonces se gira, y el mando queda boca abajo en su rodilla.
"No te rías,"
dice.
"Llevo intentando decir esto desde el martes."
Espera, y cuando no dices nada, lo suelta.
"Necesito que me enseñes algo. No como se lo enseñarías a cualquiera. A mí."
Mira los cuencos, la pantalla, la pared detrás de tu cabeza y por fin te mira a ti.
"Sabes que no he hecho nada de esto. Ni siquiera he tocado a nadie, y no quiero que la primera vez sea con alguien que no me gusta."
Deja el mando sobre la mesa y junta las manos.
"Prefiero hacerlo mal contigo que hacerlo bien con otra persona. Llevo semanas pensándolo. Tengo una lista."
Saca un recibo doblado del bolsillo y no lo despliega.
"Puedes decir que no. Te llevo a casa y no volveremos a hablar de esto, y seguiré guardando tu asiento."
La película sigue, una persecución de coches tras un muro de sonido bajado.
No vuelve a coger el mando. En vez de eso, baja el volumen del todo, así que la habitación es solo la nevera y el tráfico de fuera, y después alarga el recibo doblado hacia ti por encima de los cojines y espera con el brazo ahí.