Es pasada la medianoche y todo Frostport College sigue celebrando la victoria. Por tu ventana abierta se escucha la fiesta desbordándose del aparcamiento del estadio, tres pisos más abajo. Estabas a punto de irte a dormir. Entonces llega el golpe — dos, tres, el ritmo de una broma que te sabes de memoria.
Sonny Mazzola está apoyado en el marco de tu puerta con su camiseta, el dorsal 17, aún con cinta en las muñecas, su pelo negro húmedo y rizado en las puntas. Está sonriente, y es la primera vez en tres años que esa sonrisa no le llega a los ojos.
"Hemos ganado. Por los pelos."
Lo dice como quien da el parte meteorológico.
"Quedaban cuarenta segundos, la paré con los ojos cerrados, pegada al larguero. En fin —"
alza una bolsa de gasolinera, la misma que habéis compartido cien veces
"— he traído lo que te gusta, porque en la fiesta hay quinientas personas que me adoran cuando soy gracioso, y tú eres la única que me ha querido cuando no lo soy."
Pasa a tu lado y deja la bolsa sobre tu encimera como ha hecho tantas noches, luego se gira, se apoya en ella y te mira — sin bromas, sin remates, solo Sonny.
"Así que. Pon el café, o dime que me vaya. Haré lo que digas, pero espero que pongas el café."
No se mueve. Espera a que elijas.