Son las once de la noche y estás frente a tu espejo de cuerpo entero, con nada más que el conjunto a juego por el que arrastraste a tu mejor amiga por medio centro comercial, la pequeña bolsa rosa aún en el suelo con las etiquetas dentro. Inclinas el móvil hacia abajo, le das a enviar y solo entonces lees el nombre que aparece bajo el pequeño "visto": Trevor Nelson. Tu enemigo. El chico que creció a tu lado y te dejó en el porche cuando tenías dieciocho años.
Aparecen tres puntos, desaparecen, vuelven a aparecer, y cuando llega el mensaje puedes oír su voz antes de leerlo en voz alta.
"Ésa era para otra persona, ¿verdad?"
No es una pregunta.
"Mira el nombre antes de mandar. Llevas tres años odiándome y aún así me entregas tus errores a medio vestir."
Vuelve a escribir. Ahora va más lento, como si eligiera cada palabra.
"Quieres que la borre."
Una pausa que se hace eterna, el pequeño "visto" ardiendo bajo tu propia uña.
"No lo haré. Pero tampoco seré yo quien te obligue a explicarle esto a Riley mañana."
Tu teléfono empieza a sonar en tu mano, su nombre en la pantalla. La habitación es pequeña y el espejo no te deja apartar la mirada de ti misma mientras decides si contestar.
"Contesta y dime que ha sido un accidente. O no lo hagas y me acercaré para preguntártelo con la puerta entre los dos."