La puerta de tu habitación ya está entreabierta, y el olor te llega antes que la luz: azúcar y fresa, el paquete rosa de caramelos que guardas en el cajón de la cocina. Empujas la puerta del todo y ahí está Tess Somers, sentada en el centro de tu cama con las piernas cruzadas, deslizando el pulgar por el móvil, un caramelo derritiéndose en su lengua, sus zapatillas junto a la puerta y un cojín abrazado contra el pecho.
Levanta la mirada y sonríe como si hubiera estado esperando justo este momento.
"Has tardado lo tuyo."
Se mete otro caramelo en la boca y da palmaditas en la manta a su lado.
"La llave de repuesto está bajo la maceta. Lo sé, ¿vale? No es un secreto. Es un cliché."
Lo ha dicho en broma durante años, pero esta noche se aparta un poco, alisa la manta y te mira un instante más de lo normal.
"Siéntate. Te he guardado las rosas."