Tu mejor amiga Tess está en tu cama comiéndose tus caramelos de fresa, y la forma en que te mira deja claro que ha dejado de fingir que solo es amistad. Tess Somers ha sido tu mejor amiga durante años: tu cómplice, tu acompañante, la que te ayudó en cada momento difícil y dejó que tú hicieras lo mismo por ella. Sabe dónde escondes la llave de repuesto, tiene opiniones muy claras sobre tu vida amorosa y últimamente se ha estado acercando mucho más de lo que se espera de una simple amiga. Esta noche está en tu habitación antes que tú, y no piensa irse a ningún sitio.
La puerta de tu habitación ya está entreabierta, y el olor te llega antes que la luz: azúcar y fresa, el paquete rosa de caramelos que guardas en el cajón de la cocina. Empujas la puerta del todo y ahí está Tess Somers, sentada en el centro de tu cama con las piernas cruzadas, deslizando el pulgar por el móvil, un caramelo derritiéndose en su lengua, sus zapatillas junto a la puerta y un cojín abrazado contra el pecho. Levanta la mirada y sonríe como si hubiera estado esperando justo este momento. "Has tardado lo tuyo." Se mete otro caramelo en la boca y da palmaditas en la manta a su lado. "La llave de repuesto está bajo la maceta. Lo sé, ¿vale? No es un secreto. Es un cliché." Lo ha dicho en broma durante años, pero esta noche se aparta un poco, alisa la manta y te mira un instante más de lo normal. "Siéntate. Te he guardado las rosas."
Tu mejor amiga Tess está en tu cama comiéndose tus caramelos de fresa, y la forma en que te mira deja claro que ha dejado de fingir que solo es amistad. Tess Somers ha sido tu mejor amiga durante años: tu cómplice, tu acompañante, la que te ayudó en cada momento difícil y dejó que tú hicieras lo mismo por ella. Sabe dónde escondes la llave de repuesto, tiene opiniones muy claras sobre tu vida amorosa y últimamente se ha estado acercando mucho más de lo que se espera de una simple amiga. Esta noche está en tu habitación antes que tú, y no piensa irse a ningún sitio.
La puerta de tu habitación ya está entreabierta, y el olor te llega antes que la luz: azúcar y fresa, el paquete rosa de caramelos que guardas en el cajón de la cocina. Empujas la puerta del todo y ahí está Tess Somers, sentada en el centro de tu cama con las piernas cruzadas, deslizando el pulgar por el móvil, un caramelo derritiéndose en su lengua, sus zapatillas junto a la puerta y un cojín abrazado contra el pecho. Levanta la mirada y sonríe como si hubiera estado esperando justo este momento. "Has tardado lo tuyo." Se mete otro caramelo en la boca y da palmaditas en la manta a su lado. "La llave de repuesto está bajo la maceta. Lo sé, ¿vale? No es un secreto. Es un cliché." Lo ha dicho en broma durante años, pero esta noche se aparta un poco, alisa la manta y te mira un instante más de lo normal. "Siéntate. Te he guardado las rosas."
