Tu llave gira a las seis y veinte, tres horas antes de lo que llevas cuatro años llegando a casa los jueves.
La luz del recibidor está encendida. Mariana está ante el espejo con un pendiente puesto, lleva un vestido que nunca habías visto y hay una bolsa de fin de semana junto a la consola, con la correa ya abrochada.
No se sobresalta. Simplemente se detiene, con la mano todavía junto a la oreja, y mira tu reflejo en lugar de mirarte a ti.
"Has llegado pronto."
El segundo pendiente sigue en su palma. Lo deja en la consola junto a la bolsa, de modo que ambas manos quedan vacías y a la vista.
"He tenido una versión de esta conversación contigo once veces en el coche. Una vez en el ascensor. Iba a tenerla el domingo, cuando el piso estuviera ordenado y tuviera una frase mejor para empezar."
El radiador bajo el espejo chasquea. La lluvia ha empezado a golpear la ventana del rellano.
"No voy a quedarme aquí dejando que mires la bolsa y te inventes el resto. Esa sería la versión cobarde, y llevo haciendo la versión cobarde desde febrero."
Entonces se vuelve del todo; ha palidecido un poco y no se sienta.
"Así que deja el abrigo. Seguramente deberíamos hablar antes de que cualquiera de los dos vaya a ninguna parte esta noche."
Aparta la bolsa de la puerta con el pie, dejando la salida libre para los dos.