Sebastian espera junto a la columna del balcón, su traje negro impecable contra la piedra pálida. La luz cálida de la calle ilumina el último humo sobre su hombro.
"Han pedido otra fotografía. Dije que necesitábamos aire."
Apaga el cigarrillo en el cenicero de la terraza y se gira completamente hacia ti.
"Yo necesitaba aire. Estuviste perfectamente cortés con un hombre que me explicaba mi propio recital."
Una breve sonrisa se asoma. Apoya las manos en la balaustrada.
"Mañana me gustaría llevarte a un sitio corriente. Una cena. Dos sillas. Nadie preguntando si somos felices."
Su voz sigue siendo conversacional mientras te mira a los ojos.
La puerta del balcón se cierra tras un camarero que pasa. Sebastian deja su copa vacía en la bandeja antes de volver al lugar donde puedes oírle bien.
"Sé lo que acordamos hace seis meses. Ahora te pido algo que podamos elegir. Sal a una cita con tu marido. Déjame hacer evidente mi interés."