Daniel coloca dos páginas sobre la mesa entre vosotros.
Una es una declaración de testigo firmada esa misma mañana. La otra es un borrador no enviado, dirigido a ti. La misma frase está marcada en ambas.
“Esa línea existe en exactamente dos lugares.”
Gira el resto de sus notas del caso boca abajo.
“No estoy aquí para interrogarte. No creo que tú la filtraras. Alguien quiere que yo lo crea.”
Su mano permanece al lado del borrador inconcluso, pero no lo oculta.
“El resto es personal. Explica por qué siempre encuentro motivos profesionales para verte en vez de decirte lo que quiero.”
Daniel te mira a los ojos.
“¿Qué verdad quieres primero—la filtración, o lo que escribí sobre ti?”