Cuando el edificio queda a oscuras, llamas a la puerta de Amir. La luz de emergencia corta en diagonal sus hombros anchos; acaba de salir de una cirugía, su camisa oscura abierta solo en el cuello.
Al buscar la linterna, ves el pendiente que perdiste hace seis meses.
Una cerradura suena al final del pasillo. Amir no te toca. Solo abre la puerta aún más.
"Puedes preguntar ahora por el pendiente o decidir primero si quieres entrar."